Era, creo, mayo del 2006 cuando enredé a Felipe para que se embarcara conmigo en un nuevo proyecto de cómic, y es justo decir que desde las primeras líneas del guión supe que teníamos entre manos una muy buena historia.
A Felipe, el valor se le supone. Y yo puedo jurar que puse todo mi empeño en que este trabajo resultase el mejor que mis aptitudes permitiesen, pero creo que ni él ni yo soñamos en ningún momento todas las satisfacciones que nos iba a deparar el álbum.
Después de los premios a la mejor obra y al mejor guión en el pasado Saló del Còmic de Barcelona y en los IX Premios de la Crítica; el jueves 5, Las serpientes ciegas se alzó con el Premio Nacional de Cómic.
Ha sido una semana emocionante durante la que no han parado de llegarme vuestras congratulaciones, anónimas y no tan anónimas... algunas, como la de
Gabi, me han llegado al alma, y todas me han hecho darme cuenta de algo que ya sabía: que tengo muy buenos amigos.
Pero los premios, aunque agradecidos, son injustos por naturaleza: siempre son más los que se lo merecen que quienes lo consiguen. Larga es la lista de autores deudores del reconocimiento que supone este galardón. Maestros cuyo arte me sedujo de pequeño, culpables de mi vocación por dibujar historias, y que, por no tener una obra reciente, tienen difícil el reconocimiento a su inestimable aportación al cómic. A todos ellos quisiera dedicarles este premio.
A ellos, y a todos los que intentan, con mucho esfuerzo, que sus monigotes sean tomados en serio.