miércoles, 1 de diciembre de 2010

Arrepentimiento afortunado

Lo reconozco. Me cuesta mucho repetir los dibujos una vez acabados. Cualquier corrección supone a menudo intentar vencer una resistencia a dibujar de nuevo la misma viñeta de la que no siempre salgo victorioso.

Tanto es así que, en algunos casos (ya me lo hago venir bien), la no corrección ha hecho que, por ejemplo, en uno de mis álbums empiece la historia con billetes de pesetas y acabe con billetes de euro. No sé si a cuenta de lo mismo, pero el hecho es que me hacen gracia estos dislates. Los mantengo para quienes gustan de encontrar curiosidades (por no llamarlo cagadas). Es como lo del doblaje franquista de Mogambo: da más que hablar el incesto de Clark Gable con Grace Kelly que el adulterio original con Ava Gardner.



Bueno, volvamos a lo que íbamos. El hecho es que desde que terminé la portada del primer tomo de Hágase el Caos, cada vez que abría el documento me quedaba mirando la cara del Mariscal y notaba cierto escalofrío.

Miraba y remiraba esa expresión que tan poco respeto infundía sin decidirme del todo. He tardado en autoconvencerme de la necesidad de repetir ese rostro pero, afortunadamente para la portada, he rehecho -y bendita la hora- la cara de Tito.



Y es que la anterior me recordaba una cara conocida y hoy he caído en la cuenta de a quién: Al esperpento de los Goonies!

De la que me he librado.